Shop Mobile More Submit  Join Login


El Infiernillo




Capítulo 1


La espada de Luz



"Para toda aventura un héroe, para todo héroe un amor, para todo amor mucho dolor"

La mañana se veía triste como pocas, me arrastré hasta el baño y en el espejo vi en mis ojos cafés, ese ligero aire de frialdad que hasta a mí me sobrecogía; siempre había tenido esos ojos que parecían anhelar algo más de esta vida, sin embargo también vi un brillo, me sentía extraño, sentí que lo que quería estaba cerca, pero eso me helaba la sangre.
Sin hacer mucho caso a aquella sensación me vestí y salí a dirigirme a la escuela, era joven. El cielo estaba nublado y las veredas inundadas de agua que se colaban en las grietas del cemento, caminé tranquilo rumbo a la escuela, ignorando que todo iba a cambiar y no para bien.

Me encontré con algunos compañeros en el camino: Adam y Alberto, nos saludamos con el trato afable que teníamos, por alguna razón, nos llevábamos bien pese a ser muy diferentes. Llegando a la puerta, me encontré con José y Mateo, mis mejores amigos, les saludé y entramos entre  broma y broma, los conozco desde la primaria y les tenía bastante confianza.
En medio de la clase vino ella, tarde como siempre acostumbra, había un algo que me atraía de ella. Todos dicen que soy un poco frío, y es verdad, pero cuando veo a Luz me siento extrañamente vivo, aunque también un poco tonto. Abrió la puerta, entró disculpándose y se sentó en su sitio, como el profesor le había dicho. Era muy bella, sus ojos azules como el cielo, su cabello castaño y su piel suave como la seda… aunque sólo la había rozado en un par de ocasiones. Luz suele ser alegre y no es muy inteligente, sin embargo siempre hace su mayor esfuerzo, no es de los que se rindan. Pasé así mucho tiempo viéndola de reojo...
—No vale la pena Juan. Simplemente no le interesas —dijo José, a mi lado, mientras ella entraba.
Aunque era muy buen amigo, también era él quien me bajaba los ánimos hasta los números negativos, solía decir siempre la verdad aunque duela mucho; y es que a veces parecía no sentir nada.
—No lo entenderías, José. Más allá de sus sentimientos por mí. El verla, soñarla… es de lo poco agradable en este mundo —le dije y seguí mirándola mientras él refunfuñaba y se ponía a hablar con alguien más en la carpeta de adelante.
Era cierto, había cosas en este mundo de las que quería escapar; no eran los problemas, más bien, era la falta de problemas que tenía mi vida. Era un chico de segundo año de secundaria y tal como veía las cosas, mi futuro sólo prometía tedio. Luz era una de esas personas que me hacían pensar que algo más podría pasar.
La miraba, agazapado entre mis brazos, no sé lo que esperaba mirándola así, pero persistía en eso… Fue entonces cuando vi la mochila de Luz, algo me atrajo mucho: un palo dorado que sobresalía de aquella mochila, se parecía al mango de un bastón… o una espada.

A la hora de salida, Luz se fue con una amiga, decidí seguirlas, tenía curiosidad por saber sobre aquella extraña cosa ya que, cuando se lo había preguntado durante el receso, se había negado a decirme algo sobre ello, luego del cual ya no pude ver nada inusual en la mochila de Luz; intrigándome más. Había pasado una hora de caminata, ya estaba hambriento, Luz caminaba por una calle rumbo a un terreno baldío, su amiga ya se había marchado hace mucho, incluso estaba considerando el encararla pero fue entonces cuando la joven, sacó una espada de su mochila; era un poco rara, no como las espadas simples que había en el museo, rectas y con el mango recubierto de cuero, no, esta espada era enorme, por lo cual me sorprendía que entrase en su mochila o que Luz pudiera levantarla, ya que ella no era fuerte, mejor dicho carecía de fuerza física. La hoja resplandecía mientras ella la levantaba hacia el cielo, sujetándola de un mango dorado cuyos lados se abrían como dos alas y en medio de ellas había una gema romboide de color verde que destellaba al mínimo movimiento. Al levantar la espada hacia el cielo con la diestra, sin dejar de admirarla… desapareció, tras ser cegado por el reflejo del sol sobre la hoja de la espada, sin dejar rastro, Luz y su espada se esfumaron.
"¿Qué demonios fue lo que pasó?" "¿Por qué Luz?" "¿Volverá, no?" "¿No podía hacer nada en ese momento?" eran unas de todas las preguntas que me carcomían la conciencia; necesitaba hablar con alguien, no entendía nada. En el camino pasé por la casa de José. Lleno de dudas y hambriento me acerqué a su ventana enrejada, las cortinas estaban abiertas; me disponía a tocar suavemente el vidrio pero al ver lo que sucedía en su sala tuve que frenarme para no romperlo de un golpe: ahí estaba Luz besándose con José.

Sin más, ella se fue, mucho más rápido de lo que tardé en librarme del shock. Me dijo algo al salir, creo que me saludó, simplemente no la escuché… pero reaccioné a tiempo para pararle la puerta a José, antes de que la cerrara.
—No entiendo ¿POR QUÉ? —dije, cerrando la puerta tras de mí, confundido, fastidiado, dolido— ¿Eres mi amigo, no?
—Ya fue, sólo fue un beso.
—Maldito…
—¡Mierda! ¿¡Te vas a poner así!?
—TE MATARIA SI PUDIERA.
—¡INTÉNTALO! —dijo mientras su puño impactaba en mi mejilla…
No me contuve más y me lancé sobre él, comenzamos a pelear, era fácil saber que José saldría mal parado, yo era más fuerte que él, pero opuso mucho resistencia, tanto que me hizo sangrar la nariz. Pero, al menos, pude desfogar mi ira, logrando calmarme un poco.
En el piso sin fuerzas estaba José, yo estaba exhausto en una silla con la cabeza hecha un menjurje sin lograr procesar todo lo sucedido. Cuando miré a la ventana vi una cara sonriente, no una sonrisa alegre; no, era una sonrisa burlona, era Luz riendo, burlándose, no podía creerlo; pero, cuando volteé para ver a José, ella ya había desaparecido.
Salí rápido de ahí, pero Luz ya no estaba por ningún lado, así que me dirigí a mi casa. Apenas llegué me desplomé en mi cama, sentía que las sienes me iban a estallar y en mi pecho, un dolor incesante; así me quedé dormido. No sé cuánto tiempo dormí, pero cuando desperté ya era muy de noche, mis padres ya estaban dormidos; sin poder recobrar el sueño me senté en mi escritorio y me puse a escuchar música, mientras trataba de tranquilizarme, más mi mente no dejaba de cuestionarse e iba extrañando, cada vez más, la paz del sueño.
Desconozco los motivos por los qué me volví a dormir, tal vez fue porque me relajé con la música, tal vez porque me dolía la cabeza o porque quería evitar esta realidad, pero tuve un sueño muy raro.
Estaba en medio de un desierto, el cielo era naranja al igual que la arena, no se veía nada más que rocas y tierra perdiéndose en el horizonte; este paisaje me hizo pensar que debía estar en el planeta Marte, pero no, estaba en un lugar muy diferente.
Mire al cielo y me pareció ver pájaros que volaban sobre mi cabeza como buitres esperando a que me muriese para comer mi carne; ahí me quedé sentado por mucho tiempo, no estaba sorprendido del ambiente, sino de la familiaridad que sentía, como si ya conociera ese lugar.
A lo lejos un pequeño grupo de personas andaban encapuchadas, con capas que llegaban hasta sus pies, los seguí, guiado por una extraña e incontrolable curiosidad; con sigilo caminé detrás de ellos, no quería que supieran que estaba allí. Llegamos hasta un gran templo, en cuyos muros se podían ver gravadas figuras en alto relieve de soberbio realismo, plagadas de monstruos con largos colmillos, cuernos, garras, alas carnosas y miradas enfurecidas; en un principio me asusté pero me tragué mi miedo e ingresé a aquélla construcción tan terrorífica.
Gigantescas columnas se elevaban hasta desaparecer en le oscuridad y marcaban el camino hasta un altar en medio de un vestíbulo donde había cientos de aquellos sujetos encapuchados.
En ese momento escuché una campana dentro de mi cabeza, pero no le di importancia. Una figura encapuchada se acercó a un altar de piedra en medio de todas y colocó una espada idéntica a la de Luz; por un momento me aterré, pensé que le había pasado algo, pero mis miedos se fueron rápidamente, Luz estaba bien, demasiado bien: bajándose la capucha mostró su rostro desde el altar, me miró con una sonrisa pícara en su rostro; en ese instante todo me dio vueltas y desperté acostado en mi escritorio, eran las ocho de la mañana.
Me vestí lo más rápido que pude, ignorando el frío sudor que brotaba de mi cuerpo, cogí mi mochila y corrí con todas mis fuerzas rumbo al colegio; necesitaba saber de Luz cuanto antes. Al llegar, quedé anonadado ante la escena: todo el edificio se hallaba envuelto en una enorme enredadera que parecía no dejar de crecer, después de lo de ayer mi mente me decía que debía estar relacionado con Luz, pero algo en mí no quería aceptarlo. Eche a correr, desesperado por llegar a la verdad.
Al entrar vi como los niños corrían por doquier, saltando y tropezándose con las largas y gruesas lianas; seguí corriendo hasta llegar a la entrada, allí, en una pared, había un hoyo de donde brotaban tremendas lianas verdosas. Mientras evitaba las ramificaciones vi como arrastraba a algunos chicos dentro del hoyo, titubeé si en quedarme a ayudar o seguir y averiguar que pasaba; antes de concluir mi devenir ya estaba subiendo las escaleras, rumbo a mi aula, debía entender que pasaba. En el camino  me encontré con Mateo, se veía preocupado pero esbozó una leve sonrisa al verme, seguimos subiendo y le pregunte por lo ocurrido
—Luz apareció tarde como siempre —me contestó con un leve temblor en su voz— pero de repente, sacó esa espada de su mochila y rompió la puerta, fugó hacia abajo, pero los profesores la acorralaron.
—¿Y luego?
—Pues… rompió la pared y esa cosa salió… y comenzó a llevarse a todos —dijo mirándome confundido.
Al llegar al salón, sólo había una persona y no era a la que deseaba ver, José estaba tumbado en una esquina con el brazo roto; Mateo lo ayudó a erguirse y en contra de lo que yo esperaba se me acercó y me pidió disculpas.
—Lo siento —dijo sin mirarme a los ojos— no debí hacerte eso, me dejé llevar.
—Ya no importa —dije— no fue tu culpa. Es Luz quien hizo esto —y unas amargas punzadas atacaron mi pecho al decir esto que me era tan difícil de aceptar.
A pesar de nuestros miedos decidimos volver a bajar e intentar detener a la hiedra, lanzándole escritorios y ahuyentándola con cualquier cosa que encontráramos, incluso tratamos de usar productos de limpieza, como ácidos y blanqueadores; sin embargo nuestros intentos fueron inútiles, la planta sólo se descontroló más, al final, logró atraparnos y nos llevó dentro del agujero.

No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, debió ser mucho ya que Mateo y José ya se habían ido, dejándome atrás. Lo primero que sentí fue mí cabeza dando vueltas y un fuerte dolor en la misma, focalizado en un chinchón cerca de la nuca. Ya no había un hoyo, ni estaba en la entrada del edificio de aulas, sino en un desierto rojo, idéntico al de mi sueño. Me levanté y anduve solo durante unos minutos, sin un rumbo fijo; en el camino encontré un letrero colgando de un arco muy alto que rezaba "EL INFIERNILLO" era de madera y estaba ya envejecido más no apolillado. Era la entrada de una ciudad cuyas ruinas encontré luego de andar un rato más. A penas si quedaban los cimientos de los edificios, en su gran mayoría todo estaba roto y desperdigado confundiéndose con piedras y rocas; caminaba zigzagueante por los grandes bloques de concreto, altos como muros, que me obstruían el paso. Viendo aquellas ruinas, sentía  como si ese lugar hubiese estado lleno de barullo y movimiento en algún momento y había cierta tristeza ante su estado actual; pese a la familiaridad del lugar, no me detuve a examinar nada, primero necesitaba encontrar a Luz. Luego de otro rato divisé dos cruces, me acerqué y pude ver que eran enredaderas que tenían atrapadas a dos personas.
—José, Mateo —dije, ya cerca— ¿qué les pasó?
—Nada, sólo nos han colgado como a Espartaco —dijo Mateo con ironía, luego normalizó su voz— estamos bien, ve donde Luz.
—Pero...
—Sigue —dijo José—, ella se adentró en la ciudad, luego ven por nosotros.
—Está bien —dije dubitativo—, luego de encontrar a Luz veré como sacarlos.
Y me fui, corrí tan rápido como dieron mis piernas, con el corazón bombeando con fuerza, llegué a lo que debió haber sido la plaza central y allí estaba Luz, con su uniforme escolar, esperándome, sentada en lo que quedaba de una pileta; se levantó lentamente y se acercó, raspando el suelo con la espada, paso a paso, sonriendo ligeramente, viéndome cara a cara.
—Ya te estabas demorando —dijo tranquila; sin terminar de entender lo que pasaba, permanecí un tiempo en silencio, confuso—. Supongo, viniste por explicaciones, pero no puedo decir nada en este momento.
—¿Cómo? Desde ayer que no entiendo nada ¿Dónde conseguiste esa espada? ¿Qué es este lugar? ¿Qué pasó en la escuela? ¿¡POR QUÉ PASA ESTO!?
—Lo siento. Nada sé ni recuerdo —me dijo, luego esbozó una amplia y cruel sonrisa.
—¡DEJA DE BURLARTE DE MÍ!
—Lo siento —dijo tranquila, cabeza gacha, más sus ojos se volvieron de un rojo brillante y pronto sus facciones cambiaron, alzó el rostro con una mirada maligna y una sonrisa cruel.
Levantó la espada y a duras penas pude evitarla cuando cayó pesadamente donde estaba de pie, sin darme tiempo a hablar, la hoja del arma ya estaba rumbo a mi cuello, logré agacharme más por instinto que por cálculo. De un lado a otro, iba esquivando, saltando, hincándome, girando en el suelo, incluso tuve que hacer un salto mortal, por primera vez en mi vida, para lograr esquivar el ataque constante y frenético de Luz.
La espada quedó atracada en la tierra, por la fuerza del golpe, el suficiente tiempo para abalanzarme contra Luz. Caímos rodando en el suelo, tratando de sujetarla pero su fuerza era sobrehumana; desistí y, medio a pie, medio a gatas, retrocedí hasta alcanzar la espada; al cogerla con la diestra me quemé la mano y la solté inmediatamente, en un solo instante me había llenado la palma de ampollas y llagas.
Luz ya se había levantado y logró escabullirse hasta tomar la espada, la cogió y siguió la lluvia de ataque, cada vez más rápidos y más fuertes, tanto me costaba esquivar que terminaba siendo rozado por el filo de la espada, produciéndome cortes profundos que ardían con el roce del viento, el cansancio se apoderaba de mí y la mente se me obnubilaba, veía a Luz mientras atacaba y en sus ojos no encontraba ya nada de lo que tanto amaba de ella… nada… ¡Era obvio! ¡Luz no controlaba la espada, la espada la controlaba a ella! Utilizando lo poco de energía que me quedaba  busqué la forma de quitarle la espada para poder destruirla.
Cuando logre coger la hoja de la espada se la arrebate a Luz, cortándome la palma de la mano, la cual estaba ardiendo, inclusive podía escuchar los chasquidos de mi piel ante el calor, no importaba, sólo quería detener esto.
La espada se me caía pero logré sostenerla de la empuñadura, insensible a mi mano friéndose, Luz también la cogió del pomo y nos envolvimos en un forcejeo largo y que parecía nunca acabar: dábamos vueltas con la empuñadura de la espada sobre nuestras cabezas y la hoja pasando por nuestros costados, cada que la jaloneábamos. Ya no sentía las manos ni la mente, sólo veía esa mirada obsesiva en Luz y la detestaba cada vez más, quería sus viejos ojos.
De repente, la espada se detuvo: Luz dejó de forcejear y soltó la espada, cabizbaja, veía como la hoja estaba atascada en su estómago, atravesándole la espalda, y los hilos de sangre comenzaban a borbotear, lentamente, para luego dejarse caer al piso, moribunda. Todos mis sentidos retomaron fuerza, tratando de comprender lo ocurrido vi en silencio como sus rodillas chocaban contra la tierra mientras ella no dejaba de mirar su vientre y la sangre manchaba su falda; luego la imagen se me hizo borrosa. Me dejé caer mientras las lágrimas caían de mis ojos, como si fuera yo al que habían matado; así hubiera sido mejor.
Luz me devolvió la mirada con los ojos celestes como el cielo, me agaché y me acerqué a su rostro.
—Juan —dijo su voz casi inaudible.
—Yo… no quería —dije entre mis sollozos, mi voz temblaba al igual que mi mentón y mis labios— lo siento, no quería…
—No es tu culpa, gracias por librarme de esa cosa.
—Luz...
Sólo se me ocurrió tomarla entre mis brazos y besar en los labios, por única vez pude sentir el sabor metálico de su sangre mientras mis manos se aferraban a su espalda ensangrentada, no quería separarme de ella, pero también quería ver su rostro. Sus ojos se entornaron hacia mí y con un brillo triste en su sonrisa dijo: "Te espero" y se fue; cerró los ojos y su mano cayó sobre la arena con un sonido seco. Sentía hundirme desde mis adentros y mientras las lágrimas no dejaban de brotar, grité de dolor y lloré desesperanzado durante largos minutos, sin desprenderme del cuerpo de quien amé.
En algún momento llegué a calmarme. Le saqué la espada del torso, dejando fluir mucha sangre y cargué su liviano cuerpo en mis brazos, y enrumbé por donde vine. Mateo y José ya se habían librado de su prisión, no dijeron nada sobre Luz, ni sobre mí, sólo me siguieron; aunque sus rostros parecían querer decirme muchas cosas. Regresamos al lugar donde aparecimos en ese mundo raro, repentinamente el piso se abrió y caímos. Creo que no desperté por una semana, pero al hacerlo, estaba en la habitación de una clínica; nada se supo de lo que Luz había causado o de la hiedra, nadie quiso contar cosas de más y nadie quiso creer demasiado, pese a que este no fue un caso aislado, hubo otros similares en diferentes ciudades y países; al final, nadie supo nada. El entierro de Luz fue tranquilo y pocas personas asistieron, incluso al final me quedé solo yo ante su fosa hasta que cerraron el cementerio.

La espada quedó botada en "El Infiernillo" no sé qué era ese lugar, no sé qué será de la espada. Tampoco sé…


Continúa… Capítulo 03
Bien, comencé a rescribir esta novela que había escrito cuando aun era muy joven =P.
Espero le guste a quien lo lea y si pueden comenten. El siguiente espero acabarlo para la siguiente semana.

Capítulo 01
Capítulo 02
Capítulo 03
...
No comments have been added yet.

Add a Comment:
 
×

More from DeviantArt



Details

Submitted on
October 19, 2011
File Size
18.4 KB
Link
Thumb

Stats

Views
2,781
Favourites
0
Comments
0

License

Creative Commons License
Some rights reserved. This work is licensed under a
Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 License.
×